ELLAS, PESADILLAS

(04/02/13)

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Era una casa abandonada, estaba en ruinas y repleta de hojarasca, baldosas rotas y polvo. En lo que parecía haber sido una habitación, un colchón viejo, y encima un cadáver. El cadáver de una mujer, más bien una chica de entre veinte y treinta años.

Se lo digo a mis amigos, ¡podríamos entrar! Hay muchísimas cosas que nos podríamos llevar… La casa no tiene techos, están derruidos. Con la lluvia, el frío y la humedad todo se pudrirá, si no rescatamos nosotros lo único que queda en su interior, nadie lo hará pienso…

Una vez dentro nadie se estremece ante el cadáver, permanecen indiferentes ante el cuerpo inerte de un muerto. Comienzan a desvalijar lo poco que queda de la casa, ahora yo sí me estremezco, el cadáver es reciente, cuando yo fui por primera vez no estaba, ¿Habrá vivido gente aquí hasta hace poco? ¿Será una casa ocupada durante la noche? ¿Serán estas las pertenencias de los que la habitan actualmente? ¿Alguno de estos objetos pertenecía a la chica cadáver? Pero para cuando me doy cuenta ya es demasiado tarde. Nuria carga con gorros y pelucas actuales, Mireia pulseras y joyas, alguien se lleva un cuadro.

Oigo un ruido, uno más, y ahora uno aún más fuerte. ¡Mierda! Hay alguien dentro, nos han visto cargar con sus cosas, ¿Por qué nadie ha dicho nada mientras desvalijábamos las casa? ¿Acaban de llegar o llevan observándonos desde hace rato? ¡Corred! Grito a la vez que acelero el paso a galope sin pensarlo.

Mis amigos me siguen, nadie suelta nada, cargadas en sus espaldas se llevan todo cuanto han encontrado. Los habitantes de la casa en ruinas nos pisan los talones, me aterra el pensar que puedan atraparnos, no parece que vayan armados pero todo parece mucho más peligroso. Corremos y corremos, sin descanso, ninguno quiere que lo atrapen pero nadie suelta sus prendas, me parece un tanto incongruente, y aún con esa sensación, no dejo de correr.

Nos topamos con una calle sin salida pero, para mi sorpresa, todo está preparado, enfrente nuestro se alza una enorme pirámide hinchable. No estoy en mi ciudad.

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Dimensiones (01/02/13)

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Ascensores que se encallan, llaman al telefonillo, Albert lo descuelga, nadie contesta, chispazo y empezamos a caer. Cada vez más rápido, se nos tapan los oídos y se apagan las luces, parece que se frena, pero nada.. Una especie de pequeña amortiguación para luego continuar cayendo, caemos, no sobreviviremos pienso. Somos tres, a Albert lo conozco, al otro no. Y de repente caemos, pero nada estalla, no hay fuego, nada explota, el ascensor nos expulsa, como si de un tobogán de largo recorrido estuviéramos cayendo, aparecemos en medio de una pista de autos de choque en una feria. No nos hemos hecho daño, calma, pero algo mucho más aterrador nos asola, ¿estamos en una nueva dimensión? Nadie nos conoce, nadie se ha hecho daño, ¿habremos descendido por una especie de bucle temporal? ¿Cómo volver al real, al nuestro?

 

PARTE-2:

 

Estoy de viaje, conduzco yo, vuelvo de Barcelona, voy por la A-2 dirección Lleida, el camino de siempre, de repente recibo una llamada, Lucas:

¿Acabas de pasar por Olesa y no vas a venir a vernos?

¡Ahora mismo voy! – contesto

Tengo que cambiar de sentido pienso, llego a una rotonda, ¿una rotonda en la autovía? No la había visto antes. Llego tarde, no la hago entera, no hago ni media de hecho, giro 180 grados desde mi ceda al paso hasta la salida de rotonda del carril contrario. Me van a dar por detrás, tengo miedo, no controlo el volante, me asusto aún más. La autovía se dibuja ante mi sorpresa como una carretera de un solo sentido, el carril se estrecha, en los márgenes se acumula hojarasca y ramas por doquier, un barranco de altura considerable a mi margen derecho. No quepo pienso, tengo miedo, retrocedo, giro y vuelvo a tomar dirección Lleida, el camino parece más despejado, no atisbo barranco en el otro sentido, las hojas desaparecen pero la carretera continua siendo estrecha, pienso en llamar a Lucas, pero entonces la carretera serpentea, líneas rectas que se transforman en espirales bajo las ruedas, tengo que concentrarme, lo lograré, pero para entonces mi vehículo ya se ha transformado, voy en bicicleta, ¿de verdad cada vez que viajo a Barcelona lo hago en bicicleta? Pues sí que estoy en forma, no me lo creo.

 

PUERTAS (29/01/13)

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Un mediodía real, de noche en mi mente. Puertas, hoy abría puertas. Escenarios, gente, lugares, en la siesta de hoy todo se mezcla.

Recuerdo estar en el cine sentada al lado de un príncipe. Enfrente su princesa, Leticia con sus dos niñas y un niño. Se termina la película, tengo que irme, me despido, el niño de enfrente me lanza un besito, me obligan a abandonar la sala por la misma puerta por dónde salen todos. Ellos, los de la casa real, tienen otra puerta de salida. No quiero irme con los demás, intuyo que algo malo va a pasar, algo catastrófico, algo real, me dejo llevar (igual es a los de la otra puerta a los que les espera el desastre). Entonces ella se acerca, Leticia, me dice, sal con nosotros, ven con nosotros, y me voy con ellos. (Pero algo malo va a pasar, a los demás, yo ahora ya estoy a salvo).

Y entonces aparezco en una discoteca, no es la de siempre, pero están los camareros de siempre, está Ana, está Álvaro. Yo voy con Mikel, él no quiere entrar, yo si, me asomo, Vaya.. ¡Si está Ana! ¡Entremos! Mikel se deja llevar, y Mikel liga.

Para luego ya estoy abriendo puertas, algo malo va a pasar, lo sigo pensando.. y entonces me pellizco la cara. ¡Bien! No hay dolor, ¡Eso significa que estoy soñando! Pero no me quiero despertar, ahora sé que aunque pase algo malo no me dañará, pues la situación no es real. Y decido seguir soñando, sigo abriendo puertas, pasillos de colores, gente y ruido, la última no se abre, tengo curiosidad, insisto. ¿Qué demonios pasa?  Un cuarto con una.. ¿Turbina gigante? ¿Un generador? La puerta no cede, quiero entrar, quizás quepa en ese margen entre puerta y turbina… Hace calor dentro, mucho calor, quiero seguir soñando, quiero entrar, pero me acaba de llegar un mensaje real, me despierto. ¡Es Manel! Mi Manel, volverá en Marzo a España de visita, genial, una buena noticia.

AVISO DE BOMBA (24/01/13)

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PARTE-1:

Se trataba de unas mini-pistolas atadas con cinta adhesiva a nuestras muñecas. Íbamos en coche a bastante velocidad por Prat de la Riba, conducía Carlos. Nos paró la policía, pensamos que se trataba de un control de velocidad, nada más bajar la ventanilla descubrimos el verdadero motivo: Habían instalado una bomba en algún lugar del centro de Lleida, tenían la seguridad de que era cierto pero desconocían su ubicación. No quería atarme ese artilugio a la muñeca, ¿de qué servía una pistola ante la explosión de un artefacto? Me obligan a atármela, tengo miedo, ¿y si se me auto-dispara? Compruebo que el gatillo es minúsculo, que en cualquier momento puedo rozarlo y disparar sin control. Reniego, me quejo, pero accedo. Los policías, con la paciencia ya agotada, nos advierten, andad con cuidado, puede estar en cualquier lado: papeleras, alcantarillas… Me asusto todavía más, con las prisas he atado la pistola a mi muñeca de cualquier manera, se me caerá, pienso, la cinta adhesiva no aguantará.

Carlos arranca, le grito, más despacio ¡por favor! Puede estar debajo nuestro, ¡esquiva las alcantarillas! Ni las roces, se me antoja una obsesión, no debemos rozarlas con las ruedas, que ni un mínimo de nuestros movimientos provoque una hecatombe.

Ya no estoy en el coche, voy corriendo por los alrededores de la plaza del Auditorio, aún no han desactivado la bomba, no sé quién me acompaña, creo que mi madre. Mi mayor obsesión, esquivar las papeleras, puede estar en cualquiera, a cada bolsa de Mac Donald’s por papelera siento que podría parárseme el corazón.

Corriendo, llego a un punto alto, una especie de presa se dibuja bajo nuestros pies, hay que bajarla, primer problema, de mis pies al siguiente paso hay por lo menos dos metros de vacío, retrocedo. No puedo hacerlo, ¡Los saltadores olímpicos en piscina lo hacen, saltan! No me atrevo, se trata de hormigón, ¡no de agua! En algún momento llega la noticia, la bomba ha sido desactivada, me relajo, no he saltado.

PARTE-2:

Y es en el mismo cruce de Prat de la Riba, dónde nos pararon para avisarnos del aviso de bomba, dónde ha habido un accidente múltiple. Me asomo, una veintena de cuerpos yacen inmóviles en medio de la carretera. ¿Qué ha podido pasar? La mayoría tapados por un sábana blanca ya no respiran, ya no están entre los vivos, nunca había visto tal cantidad de cuerpos sin vida, de órganos que ya no cumplen su función. Me aterra la idea de pensar que  tan sólo unos minutos antes, al menos una quincena de corazones  aún bombeaban sangre a todo motor por cada uno de esos cuerpos.

Entre la multitud de cadáveres, algunos cuerpos se retuercen, son los que no están tapados. Parece que los supervivientes no están tan mal, uno de ellos se levanta, lo veo correr hacia otro de los cuerpos retorcidos, le propina una patada, dos, tres, y grita, entre patada y patada lo maldice, yo solo entiendo algún grito ¡Por tu culpa, cabrón!

Y yo, sin apartar la mirada, no dejo de pensar ¿Podré algún día, quitarme esta imagen de la cabeza cuando vuelva a pasar por este cruce?